CRÓNICA DE NAVIDAD

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Las calles se van llenando de luces multicolores, abundan los adornos verdes con rojo y la nieve artificial, cierran algunas transitadas calles y las llenan con adornos que empresas privadas auspician, los supermercados cambiaron su música instrumental por los villancicos y algunos “hits” de los “Toribianitos” ahora por el grupo musical los wawakunas, los panetones y vinos están en las estanterías principales, abundan los regordetes y apachurrables Papa Noeles, se respira la tensión de comprar los “mejores regalos” al “mejor precio”, se concentra el tráfico alrededor de los grandes Centros Comeciales y los mall de nuestra ciudad, entre otras manifestaciones.

Sí, la fecha más hermosa del año está por llegar. ¡¡¡ Huele a Navidad!!!

Pero lo antes mencionado, ¿encarna realmente el significado de la Navidad? ¿esta Fiesta se limita a lo material? Lo que debería ser el mes más hermoso del año, lleno de una mística sobrenatural que no sabemos explicar se ve empañado por lo que el mundo nos quiere imponer a través de su cultura consumista. Nos quieren vender la idea de que los regalos, la comida abundante y el “Papa Noel” lo son todo.

Pero no te preocupes, a pesar de lo superficial que puede rodear esta maravillosa fiesta, hay un sentido ulterior y es que festejamos el Nacimiento del Niño Jesús, que se hizo hombre y que prefiere nacer en un Pesebre cuando podría haber nacido en un Palacio rodeado de todos los lujos de la época. Él nos enseña el verdadero de valor de la humildad. Celebramos el cumpleaños de un Niño que cambió el mundo, y por eso, la Navidad se convierte en ese momento que todos necesitamos de Esperanza y de Fe, que debe convertirse en caridad, en amor hacia Dios, hacia nuestros Padres, hacia nuestros hermanos, una caridad para el amigo y para el enemigo por igual.

Algunas personas se ponen melancólicas pues en este mes perdieron a algunos de sus seres queridos y es totalmente comprensible. Pero acaso nuestros seres amados ¿ no son los ángeles que nos cuidan a diario desde el Cielo?. Aprovechemos esta Fiesta para estar más unidos a ellos y agradecer porque ellos formaron parte importantísima en nuestro paso por este mundo.

En todas las familias, siempre hay momentos de vacas flacas y vacas gordas. Y la mía tampoco es la excepción. Por ello, no importa si este 24 cenemos un Pavo de 9 kilos sazonado laboriosamente por nuestra madre o si sólo podemos compartir un “pollito, mientras ese día nos abracemos más fuerte que nunca y agradezcamos al Niño Dios por todo lo que tenemos (dones, familia, amigos, salud, trabajo y bienes materiales) y por todo lo que somos. Los invito a valorar los momentos que tenemos en casa para armar en familia el árbol de Navidad y el Nacimiento. Y cuando llegue el día, contemplemos juntos al Niño Jesús en nuestro “pesebre” y digámosle con cariño: Te amamos, gracias por todo!!

Cierro esta crónica recordándoles que el mejor pesebre somos nosotros mismos: ¿es nuestro corazón un pesebre donde el Niño Jesús podría nacer? ¿Qué podemos mejorar?


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Arequipa
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