Columna: La lección de Lorenzo: Para emocionar debemos jugar con el corazón

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Por Orlando Mazeyra Guillén

 

Anoche fue el último recital de Néstor Lorenzo y su Lorenzoneta. “The last dance”, sentenciaría Juan Pablo Varsky. O la “última función” que nos depositó en los Cuartos de Final en donde nos espera el portentoso Inter de Porto Alegre.

El profe Lorenzo fue muy criticado por muchos hinchas (y, por supuesto, me incluyo). Él supo taparnos la boca a todos. Cuando perdimos contra la Universidad San Martín de Porres en Lima creíamos que otra vez —como ocurrió el año pasado— se ponderaría el torneo internacional descuidando la liga local. Lorenzo, a punta de trabajo y convicción, nos enseñó que es posible competir en ambos frentes (y, además, hacerlo con inusitada solvencia).

Durante esta temporada, Arequipa ha sido un territorio inexpugnable para los rivales del torneo peruano (en la Liga 1 ningún club anotó en el estadio de la UNSA) y también para los clubes extranjeros de la Copa Sudamericana (Racing Club de Avellaneda, River Plate de Uruguay, Cuiabá de Brasil y Deportivo Cali).

Lorenzo venía de ser asistente técnico de José Néstor Pekerman. Ahora, da el gran salto luego de su exitoso paso por Arequipa y tomará las riendas del seleccionado cafetero. Antes, como futbolista profesional, había tenido el privilegio de disputar la Copa del Mundo de Italia 1990, llegando a la final con figuras estelares como Diego Armando Maradona, Sergio Goycochea y Claudio Paul Caniggia. El hasta anoche entrenador de Melgar disputó esa célebre finalísima contra Alemania que terminó 1 a 0 a favor de los teutones que marcaron la única conquista gracias a un dudoso penal cobrado por el tan mentado juez Codesal.

Acabamos de ganar el Torneo Apertura y seguimos de fiesta luego de sacar de la competencia internacional a los caleños. Ahora se viene el Inter de Brasil. Pero esa historia la empezaremos a escribir desde hoy que se presentará oficialmente a Pablo Lavallén.

Irse por todo lo alto y con la gratitud del (dificilísimo) pueblo arequipeño no es fácil. Lorenzo lo ha conseguido. Nos ha devuelto a la Copa Libertadores del próximo año y, por si fuera poco, nos ha ilusionado en la presente Copa Sudamericana convirtiéndose en entrenador de Melgar con mejores triunfos internacionales de la historia. ¿Volverá algún día? Nadie lo sabe, ni siquiera él. Sólo nos queda decirle: ¡gracias, profe: Arequipa es su casa!

Pase lo que pase dentro de un mes contra el Inter de Porto Alegre, debemos ser conscientes de que estamos viviendo momentos inéditos con nuestro amado club. Sacamos de carrera a Racing Club (uno de los favoritos para ganar la Sudamericana, ahora al Deportivo Cali) y ocupamos el primer lugar de nuestro grupo de una forma insospechada (hermoso regalo del fútbol, valga subrayarlo). Anteriormente, habíamos dejado fuera de la competencia al campeón del año 2003 Cienciano del Cusco luego de una serie muy pareja.

A partir de hoy se hará cargo del rojinegro el entrenador Pablo Lavallén. La escuela argentina quiere seguir haciendo historia en Arequipa y, como corresponde, hasta apelamos a las cábalas o a los guiños del destino recordando que el flamante DT de Melgar ya ha disputado una final de la Copa Sudamericana con otro club rojinegro: el Colón de Santa Fe el año 2019.

Lorenzo le deja la posta a Lavallén y la valla muy alta, por supuesto. Todos esperamos que esté a la altura de las circunstancias. ¿Cuál es nuestro deseo? Soñar con eliminar a los brasileros de la Copa y no detenernos hasta llegar al estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba (sede de la gran final). Dicen que soñar no cuesta nada, sin embargo este plantel melgariano nos ilusiona. Es el gran mérito de Néstor Lorenzo: nos hizo competir en serio a nivel internacional —como ningún otro técnico lo había hecho antes—, ya sea en Arequipa o de visita (Argentina, Brasil, Colombia, Uruguay, etcétera). Proponer siempre sin complejo. Mirar con ambición el arco rival. El cielo es el límite, dicen. Es cierto. Lo aprendimos todos del profesor Lorenzo. Ojalá algún día vuelva a esta su nueva —y eternamente agradecida— casa. Acá recordaremos siempre que hay que ir paso a paso. Y jamás olvidaremos aquella premisa que se reafirma cada vez que Melgar salta a la cancha: “para emocionar debemos jugar con el corazón”. ¿Y quién es el mejor intérprete? Bernardo Cuesta, por supuesto: el ídolo definitivo de Melgar y goleador de la Copa Sudamericana.


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Arequipa · Cultura
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